Ogros y Hadas

También del grupo dedicado al Primer Encuentro de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción, Chile 2017.

Uno de los debates literarios más sabrosos en el último tiempo fue el que protagonizaron Kazuo Ishiguro y Ursula Le Guin en el 2015.

Recordemos que Ishiguro, considerado un escritor de literatura general, escribe en el 2005 “Nunca me Abandones”, una novela de ciencia ficción, pero donde Ishiguro ya señalaba su preocupación de que tal etiqueta haría que la novela fuera leída por la “gente incorrecta” con “expectativas incorrectas”.

A propósito de su nueva novela “El Gigante Enterrado”, Ishiguro, en las páginas de The New York Times, va a caer en una afirmación parecida cuando señala “¿Mis lectores me seguirán en esto? ¿Entenderán lo que estoy tratando de hacer, o prejuzgarán en contra a partir de elementos superficiales? ¿Van a decir que es fantasía?”

Pero esta vez su aparente desprecio por la ciencia ficción y la fantasía no pasó tan desapercibida y en su blog Ursula Le Guin lo interpelaría fuertemente. “Al parecer que el autor considera está palabra (fantasía) como un insulto”, indicaría. Y agrega: ”Ningún escritor puede usar exitosamente los “elementos superficiales” de un género literario con un propósito serio y al mismo tiempo despreciarlo al punto de temer ser identificado con él.”

Y por supuesto, Kazuo Ishiguro contratacó acusando a Le Guin de ser “un poco apresurada en elegirlo a él como su más reciente enemigo en su propia agenda”, y asegura que “si hay alguna especie de frente de batalla a favor y en contra la aparición de ogros y hadas en mis novelas, yo estoy del lado de los ogros y las hadas”.

Todo lo anterior sirve para poner de relieve el conflicto que se produce cuando escritores de literatura general deciden usar elementos centrales de la fantasía o la ciencia ficción (pensemos en “Ensayo sobre la Ceguera” de Saramago) pero de manera explícita o implícita niegan estar produciendo literatura de género.

Cuando esto sucede, ¿el escritor, o la editorial, tiene derecho a etiquetar su obra como quiera? ¿Es una forma de desprecio hacia los géneros? ¿O debemos alegrarnos de que ciertos “elementos superficiales” sean asimilados por la literatura general?

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