Los Orígenes del Género

CICLO DE INTRODUCCIÓN A LA LITERATURA DE CIENCIA FICCIÓN

ACTIVIDAD 1:
Discusión del cuento Una Odisea Marciana, de Stanely Weinbaum.

A Martian Odyssey fue originalmente publicada en el número de Julio de 1934 de Wonder Stories, por entonces dirigida por el propio Hugo Gernsback.
Es la primera historia de ciencia ficción escrita por Weinbaum, y que permanece como su mas famosa contribución al género, una que desde siempre ha figurado como una obra clave y fundamental.
El autor, sin embargo, fallecería poco tiempo después, a fines de 1935.

La invitación es escribir una reseña de este cuento y compartirla con el resto de los participantes del taller. Considere los siguientes aspectos;
– Breve resumen del argumento
– Características narrativas (tipo de narrador, construcción de personajes, ritmo, capacidad descriptiva).
– Opinión personal.

SESIÓN 2: LOS ORÍGENES DEL GÉNERO

¿Cuándo nace un género literario o un movimiento cultural cualquiera? Por supuesto se trata de un proceso paulatino que poco a poco va ganando inercia hasta que finalmente es reconocido como algo distinto a lo que ya existe. Visto en retrospectiva es relativamente fácil reconocer los patrones y las condiciones que van dando lugar al fenómeno, y uno puede elegir un hito particularmente significativo en ese transcurso y designarlo como la fecha de origen. Pero es un poco cuando decimos que Colón descubrió América; ¿cómo pudo Colón descubrir el continente que nunca supo que existía? Claro, es el primer europeo moderno en alcanzar la costa americana y eso tuvo consecuencias históricas fundamentales, pero en su momento ni él ni sus acompañantes eran conscientes de lo que habían logrado.
Eso pasa en la ciencia ficción cuando se dice que la primera obra de ciencia ficción pudo ser La Odisea de Homero. ¿Es correcto hacer ese tipo de afirmación si lo que el autor pretendía era escribir una epopeya y a través de ella honrar a los dioses? Y lo mismo sucede con Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift o Micromegas de Voltaire. ¿Cómo podemos decir que son obras de ciencia ficción si los escritores ni siquiera sabían que tal concepto existía y tampoco había un público y ni siquiera académicos que las definieran como tal?

Otra cosa es reconocer elementos en estos trabajos que también están presentes en la ciencia ficción moderna y que incluso pudieron servir de inspiración para ella. Estamos hablando entonces de obras que pertenecen a la literatura general, no a la ciencia ficción. Algunos usan el concepto de proto-ciencia-ficción para agrupar este tipo de obras, pero me parece injusto. Es como si el único valor de ellas hubiese sido contribuir de manera humilde y hasta rudimentaria a la creación del género de la ciencia ficción moderna, cuando, en verdad, su aporte al acervo literario universal es mucho mayor.
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Sin embargo, y a pesar de todas las consideraciones anteriores, hay una obra en particular que no puede dejar de mencionarse a la hora de revisar precursores de la ciencia ficción. Me refiero a Frankenstein de Mary Shelley.

En esta novela se presenta un adelanto futurista, la posibilidad de devolver la vida a lo muerto, utilizando ciencia y tecnología. De hecho, la propuesta de Shelley se basa en los experimentos realizados por un científico de la época, Luigi Galvani, quien utilizando pulsos eléctricos lograba generar movimiento en las patas previamente cortadas de una rana. De esta manera Frankenstein cumple bien con los requisitos formales de las primeras definiciones de ciencia ficción desarrolladas en la sesión anterior. Asimismo, esta novela, escrita en 1818, sin duda va a servir de modelo para muchos escritores de ciencia ficción un siglo más tarde y su representación del “científico loco” vendrá a convertirse en un estereotipo clásico del género.

Pero Frankenstein no es considerada como ciencia ficción. Usualmente se le identifica como parte de la literatura gótica de su época, y que a pesar de su éxito no logrará que otros perseveren en ese tipo de historias. Es una obra visionaria, muy anticipada a su tiempo, pero también solitaria y aislada, al menos desde la perspectiva de la ciencia ficción.

Tampoco se puede dejar de señalar a Julio Verne. El escritor francés es considerado por muchos como el padre de la ciencia ficción, aunque en su momento se le señalaba como escritor de romances científicos, es decir, novelas de aventuras con elementos tecnológicos o científicos como parte de su argumento. Pero a diferencia de la ciencia ficción moderna Verne está interesado en mostrar distintos avances tecnológicos, pero no de explorar sus efectos en la sociedad. El capitán Nemo es un navegante solitario cuyos logros y proezas no tienen mayor significado para la humanidad. Y lo mismo, en De la Tierra a la Luna, el hecho de haber conquistado el satélite terrestre parece no tener mayores repercusiones en el mundo más allá del hecho específico. Por eso efectivamente se trata de novelas de aventuras, pues lo que importa es el viaje en sí mismo, no sus consecuencias históricas o sociales.

En el extremo contrario está H. G. Wells. Para el profesor británico lo importante es precisamente la extrapolación social. Sus obras hablan del futuro pero en realidad son críticas de carácter político al presente. Por ejemplo, en La Maquina del Tiempo tenemos una alegoría sobre la estructura social donde finalmente las clases trabajadoras han esclavizado a la aristocracia. Y en La Guerra de los Mundos no es difícil apreciar el paralelo con las invasiones de conquista y colonización realizadas por las potencias europeas desde el descubrimiento de América. Tal como se señaló en la sesión anterior, el propio Wells es enfático al señalar que su obra es muy diferente de la de Verne y que no debieran ser consideradas como una misma cosa.

Todos estos antecedentes, y muchos más que no mencionaré en honor a la brevedad de este artículo (por ejemplo el aporte de Edgar Alan Poe al género), harían pensar que es muy difícil establecer un hito específico para demarcar el nacimiento de la ciencia ficción. Y probablemente sería así si no existiera 1926. Pero antes de abordar lo que sucedió ese año tan especial es necesario revisar algo del contexto histórico, social y económico pertinente al surgimiento de este nuevo movimiento literario.

Primero está la revolución científica liderada por Einstein y su Teoría de la Relatividad y luego contestada por Bohr, Heisenberg, Schrodinger y muchos otros que vendrían a dar cuerpo a lo que conocemos como la Mecánica Cuántica. A diferencia de la revolución científica del siglo XVIII, y cuyo principal exponente es Newton, esta se desarrolló no solo en las aulas universitarias y los laboratorios, sino que de frente al público masivo, en titulares de periódicos y programas de radio. Quizás como nunca antes ni después la gente común sentía pasión por la ciencia y gran parte de la población confiaba que muy pronto el bienestar de la sociedad se vería incrementada de manera sustantiva gracias a ella. La idea de progreso estaba inherentemente unida a la ciencia en la mente del colectivo y mucha gente estaba ávida por instruirse y anticiparse a los cambios que vendrían.

Luego está la segunda revolución industrial, centrada en los Estados Unidos; la de Edison, Bell, y Rockefeller, hasta llegar a Ford y los hermanos Wright. En lo particular esto significó la aparición de bienes y servicios de producción y distribución masiva. Desde la Coca Cola hasta automóviles. Y el papel que permitía la impresión de libros, periódicos y revistas, disponibles para una población ávida por acceder a los nuevos conocimientos y la nuevas formas de literatura. Y con la aparición del papel de pulpa, mucho más barato que su versión tradicional, de pronto era posible imprimir miles y miles de copias a precios a público equivalentes a las de unas cuantas golosinas. Y muy pronto las tiendas y bazares de los Estados Unidos estuvieron atiborradas de revistas de todo tipo; desde National Geographic hasta revistas de moda.

Fue en ese momento que a Hugo Gernsback, un inmigrante de Luxemburgo que vendía artefactos eléctricos, se le ocurrió publicar una revista precisamente con el fin de publicitar sus propios productos y al mismo tiempo entusiasmar a los consumidores con las posibilidades de la ciencia. Es así como funda Amazing Stories, la primera revista dedicada a la literatura de ciencia ficción, o a la “cientificción” como él la llamó originalmente. Su primer número salió a la venta en abril de 1926.

ACTIVIDAD 2:

Leer la columna editorial del primer número de Amazing Stories, “Una Nueva Clase de Revista”, por Hugo Gernsback (enlace aquí), y contestar las siguientes preguntas, primero en forma personal, y luego compartir en grupo.

a) ¿Que es la “cientificción” para Gernsback?

b) ¿Cuál es el objetivo de la “cientificción”? ¿A quien va dirigida?

c) ¿Crees que la Ciencia Ficción de hoy tiene los mismos objetivos y está dirigida al mismo publico que pretendía Gernsback?

ASF_0130LECTURA PARA LA PRÓXIMA SESIÓN:

Cae la Noche, por Isaac Asimov. Astounding Science Fiction, septiembre de 1941.

Licencia Creative Commons
El Último Horizonte de la Noche por Rodrigo Juri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en rodjuri.wordpress.com.

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