Uno en un Millón de Mundos

Antecedentes

Este verano, específicamente el 19 de enero de 2017, fui invitado a dictar una ponencia en el IV Encuentro de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), para la mesa de Ciencia Ficción y CTS, que se realizó en Valdivia, en la Universidad Austral de Chile. El tema fue el de la Singularidad Tecnológica, ya que me pareció muy apropiado dado el contexto del Encuentro.

También en esta ocasión fue la primera vez que intenté utilizar el formato TED para dictar charlas, aunque claro, quedará a juicio de los presentes si tuve éxito o no en mi propósito.

A continuación, les ofrezco el texto de dicha conferencia.

Un Día de Otoño

A fines de noviembre pasado Jun Rekimoto, profesor de la Universidad de Tokio, se sintió interesado en algunas discusiones en redes sociales donde se describían curiosos resultados en el funcionamiento de la herramienta de traducción de Google. Era como si de la noche a la mañana Google Translate se hubiera vuelto mucho más inteligente. Rekimoto usó algunos párrafos de “El Gran Gatsby” para constatar los reportes y el resultado fueron traducciones casi imposibles de distinguir de las realizadas por traductores humanos (1).

No tengo a mano “El Gran Gatsby”, pero permítanme mostrarles de lo que habla el profesor Rekimoto utilizando uno de mis propios textos; las primeras palabras de mi cuento “Una en un Millón” (2):

El texto original es:

Una en un millón. En mil millones. Esa es la vida que nos tocó vivir. Como una partícula de polvo flotando en el océano infinito. Tan solo eso. Y aquí estamos de nuevo, mirando por la ventanilla del avión sobre aquellas islas, verdes esmeraldas, esparcidas sobre un inconmensurable manto de terciopelo azul.

Y el resultado ofrecido por Google Translate (al inglés) es:

One in a million. In a billion. That is the life we had to live. Like a particle of dust floating in the infinite ocean. Just that. And here we are again, looking out the window of the plane on those islands, emerald green, scattered over a immeasurable blue velvet cloak.

Como pueden observar es una traducción más que apropiada. No solo en términos gramaticales sino que además Google Translate es capaz de entender que la mejor traducción de “mil millones” no es “a thousand millions”, sino que “a billion”. Pero incluso más que eso, fíjense en las últimas palabras, “un inconmensurable manto de terciopelo azul” que fue traducido, con precisión casi quirúrgica en “a immeasurable blue velvet cloak”. En mi opinión, como autor del fragmento, creo que la versión de google puede ser incluso mejor, en estilo y tono narrativo, que el original.

¿Qué es lo que pasó?

Sam Wong, para la revista New Scientist (3) lo explica así:

Google Translate is getting brainier. The online translation tool recently started using a neural network to translate between some of its most popular languages – and the system is now so clever it can do this for language pairs on which it has not been explicitly trained. To do this, it seems to have created its own artificial language.

Que, usando Google Translate, significa:

Google Translate es cada vez más inteligente. La herramienta de traducción en línea recientemente comenzó a usar una red neuronal para traducir entre algunos de sus lenguajes más populares – y el sistema es ahora tan inteligente que puede hacer esto para los pares de idiomas en los que no ha sido formada explícitamente. Para hacer esto, parece haber creado su propio lenguaje artificial.

De nuevo estamos ante un desempeño más que aceptable. Pero aquí quiero introducir otra característica importante de este servicio de traducción en línea; ¡es absolutamente gratuito! Volvamos en el tiempo, tan solo quince años atrás. ¿Cuánto habría tenido que pagar usted si hubiera necesitado traducir algún documento? Concedo que si se requiere una traducción profesional todavía es recomendable hacerse asesorar por un experto, pero para algo cotidiano y uso personal estoy seguro que las capacidades de Google Translate son suficientes.

La Singularidad

Google Translate es, por supuesto, solo un ejemplo de un fenómeno mucho más amplio. El del incremento acelerado en la capacidad de procesamiento de información por parte de nuestros computadores. Tanto así que ya hablamos derechamente de Inteligencias Artificiales, un concepto que hasta hace poco solo estaba presente en historias de ciencia ficción.

Fue en 1993 que Vernor Vinge, escritor de ciencia ficción, publicó su influyente ensayo sobre la Singularidad Tecnológica (4), donde exploraba las consecuencias posibles del avance tecnológico acelerado que ya podía observarse en esos momentos.

En palabras de Vinge:

Within thirty years we will have technologial means to create superhuman intelligence. Shortly after, the human era will be ended.

Veamos que nos puede decir Google Translate al respecto:

Dentro de treinta años, tendremos los medios tecnológicos para crear inteligencia sobrehumana. Poco después, la era humana terminará.

¡Excelente, Google Translate!

PERO YO NO SOY GOOGLE, DAVE.

hal9000

Por supuesto que aquí no estamos hablando de Google. Cuando consideramos este posible futuro no podemos dejar de recordar las diversas advertencias que la ciencia ficción ha insistido en darnos al respecto. La más famosa de ellas, nuestro recordado HAL9000 de Odisea del Espacio. Una computadora muy inteligente y cuyos propósitos entran en conflicto con el de los protagonistas humanos.

Pero, ¿que es exactamente la Singularidad Tecnológica?

Recurriendo a la definición más general,  en la fuente más general, Wikipedia, encontramos que:

La singularidad tecnológica es la hipótesis de que la invención de una superinteligencia artificial desencadenará abruptamente un crecimiento tecnológico desenfrenado, dando lugar a cambios inconmensurables en la civilización humana.

De acuerdo con esta hipótesis, una entidad inteligente perfeccionable entraría en una “reacción desbocada” de ciclos de automejoramiento, con cada versión nueva más inteligente, apareciendo más y más rápidamente, resultando en una poderosa superinteligencia que, cualitativamente, superaría con creces toda la inteligencia humana.

En otras palabras, se propone que el lapso de tiempo entre cambios tecnológicos fundamentales, capaces de cambiar la forma de vida de las personas, es cada vez menor, y que esa tendencia debiera ser cada vez más pronunciada. Eso hasta llegar a un punto en que los cambios ocurren a tal velocidad que es imposible para los individuos llegar a asimilarlos antes de que aparezca una versión o un concepto notoriamente superior. En ese punto, asociado claramente la expansión de la inteligencia disponible, nuestra capacidad de predecir lo que ocurrirá en los próximos meses, o días, o minutos, se volverá nula. Y por lo tanto estamos en una Singularidad, haciendo referencia a la física contemporánea, donde una singularidad es un punto de infinita densidad donde las leyes físicas colapsan y así también nuestra posibilidad de anticipar cualquier evento futuro.

El caso es que si la Singularidad puede ocurrir (y esta es una hipótesis), entonces puede ocurrir en cualquier momento a partir de AHORA.

La Aceleración Tecnológica

Como evidencia a favor de la hipótesis de la Singularidad se puede considerar el comportamiento de la industria de alta tecnología en las últimas décadas, donde la capacidad de procesamiento de los computadores se ha visto duplicada aproximadamente cada dos años (Ley de Moore) y donde cada temporada aparecen nuevos smartphones con capacidades completamente nuevas.

Pero también podemos constatar esta aceleración en industrias mucho más tradicionales. Por ejemplo, en la producción de alimentos, que a nivel global ha mostrado un crecimiento constante, muy por sobre el crecimiento de la población. Lo que a su vez desvirtúa las apocalípticas predicciones de Malthus quien fue incapaz de prever el efecto de la tecnología en la agricultura, lo que sin duda es la principal razón de que la crisis por escasez de alimentos que predijo en el siglo XVIII no se haya producido.

Pero de nuevo, no es solo que tengamos tecnologías mucho mejores. Es que también el acceso a los servicios que ella presta se ha facilitado y se ha abaratado. Por ejemplo, en los años 90´también había teléfonos portátiles que nos permitirían hablar con nuestros seres queridos. También había computadoras e internet, y podríamos haber enviado correos electrónicos. Existían personal stereos con los que escuchar música y reproductores de vídeo para ver películas. También teníamos relojes de pulsera y cámaras de 8 milímetros si acaso queríamos grabar pequeños cortos de nuestra vida familiar. Pero adquirir todos esos productos y servicios nos habría costado entre unas cinco y diez veces lo que nos cuesta hoy día un smartphone capaz de hacer todas esas cosas.

Es difícil anticipar si estas tendencias se incrementaran y alcanzaremos en efecto una Singularidad Tecnológica. Pero lo que si podemos asegurar es que nuestra capacidad de predecir efectivamente lo que pasará en el futuro se está viendo severamente comprometida por esta incertidumbre acerca de la naturaleza del cambio tecnológico.

Y es por eso que debemos tener cuidado con aquellos estudios que pretenden describir lo que sucederá de aquí a un siglo, medio siglo, o tan solo una década más adelante. Cuando escuchamos o leemos sobre el crecimiento demográfico, o el cambio climático o la degradación de los ecosistemas en horizontes temporales como los señalados, debemos revisar si efectivamente dichos estudios o investigaciones están incorporando la variable del cambio tecnológico en sus predicciones, o si están cayendo en el mismo error de Malthus. La cuestión es que no se puede realizar predicciones que se proyecten más allá de una década, máximo, en ningún tema de importancia global, ya que la incertidumbre asociada a los efectos positivos o negativos de la aceleración tecnológica es excesiva.

Es por esta razón, probablemente, que a partir de la década de los 90′ la ciencia ficción que pretende explorar nuestro futuro de corto plazo no se ha preocupado tanto de problemas como el cambio climático, o la sobreexplotación de recursos, o la sobrepoblación.

Es porque abordar cualquiera de estos temas requiere, por parte del escritor, justificar su postura sobre la aceleración tecnológica al menos, sino de la Singularidad directamente.

Adhiriendo a esta última alternativa tenemos dos autores que destacan dentro de lo que se ha venido a conocer como la Ciencia Ficción de la Singularidad. Primero, mencionar al propio Vernor Vinge, en particular su novela “Al Final del Arco Iris”, ganadora del premio Hugo 2007. En ella Vinge nos ofrece una visión de los últimos momentos de la carrera entre la ciencia médica y la mortalidad humana, cuando los avances ocurren con tal rapidez que el ganar tan solo un par de años de vida gracias a un corazón artificial o, como en el caso de la novela, la cura del Alzheimer, pueden significar acceso a avances adicionales que prolongaran aún más la esperanza de vida, acercándonos a la inmortalidad.

Y por supuesto Charles Stross, quizás el principal apologista de la Singularidad entre los escritores de ciencia ficción. En su obra Accelerando no solo nos lleva al borde de la singularidad, sino que nos hace atravesarla y emerger en una realidad de infinitas posibilidades.

Economía de la Post-Escasez

Por su naturaleza incierta es muy difícil poder especular sobre las consecuencias de la Singularidad en la sociedad y en nuestra vida cotidiana. Pero uno de los pocos efectos de la Singularidad que se puede predecir con cierta confianza es el surgimiento de una economía post-escasez. Esto es, la abolición del principio fundamental de las economías de cualquier tipo, desde el neoliberalismo al marxismo, y que de distintas maneras intentan resolver el problema de la escasez de recursos.

En palabras formales:

El elemento dominante de todo problema económico reducido a su máxima expresión es la escasez de recursos frente a las ilimitadas necesidades que deben ser atendidas. El problema surge entonces de la interrelación entre lo que se requiere (demanda) y lo que está disponible (oferta).

La hipótesis de la Singularidad propone un escenario que habría muchos más recursos, de todo tipo, que necesidades. Uno podría, si quiere, confeccionar su propio porsche en su impresora 3D por unos pocos dólares, o incluso gratis o subvencionado por el estado. Esto, por supuesto, sería el fin de la economía de la manera que la concebimos hoy, ya sea que pensemos como Friedman o como Marx, o como cualquier posición entre medio. Un nuevo fin de la historia, parafraseando a Fukuyama.

También hay evidencias de esta economía de post-escasez en el mundo contemporáneo. Tenemos países como Japón donde las necesidades básicas de todos los ciudadanos están completamente garantizadas, ya no solo por el estado, sino que por el orden social como un todo.

Y tenemos el caso de la reciente aprobación por parte de Finlandia del Ingreso Universal Garantizado. Esto es que independiente de si eres un estudiante, un trabajador o estas cesante, o si eres rico o pobre, la sociedad a través del estado te paga una cantidad de dinero para tu uso discrecional. Es un dinero suficiente para pagarte un arriendo barato y para comer, por lo tanto, si no deseas trabajar y dedicarte al ocio, eres libre de hacerlo. Es tu derecho. Pero si quieres lujo, pues entonces si que puedes incrementar tu ingreso buscando un empleo.

Bitcoin, al amparo de la tecnología blockchain, es también otro elemento importante. Una moneda que no depende de un estado y que se rige por la oferta y la demanda como cualquier otro bien o servicio. Y no quiero decir con esto que bitcoin sea una inversión segura o no. Solo destaco el hecho de su existencia, como preludio de una eventual independencia del mercado y los ciudadanos de la banca, haciendo al propio dinero un bien más barato.

Entonces, no solo hay aceleración tecnológica, sino también económica y social.

Hay dos historias que quiero destacar en relación a estas facetas sociales de la Singularidad; “La Era del Diamante” de Neal Stephenson y “Las Carpetas de Wang” de Greg Egan. En ambos casos se nos presenta una realidad donde existen una diversidad de naciones virtuales donde sus ciudadanos pueden afiliarse o desafiliarse libremente de ellas, y comparten leyes y protocolos definidos por ellos mismos. El mismo orden social se ha transformado en un bien diverso, abundante, al servicio de los intereses del individuo.

¿Y qué hay más allá de la Singularidad?

Como ya he señalado es muy difícil predecir lo que una singularidad tecnológica puede significar para nosotros como seres humanos. Eso no quiere decir que no haya quienes lo han intentado. Ya mencioné a algunos escritores, pero también está Hollywood. Hay varios largometrajes que de manera explícita han querido mostrar las consecuencias que para la humanidad podría tener un desarrollo tecnológico acelerado.

En “Trascendence” (Warner, 2014), por ejemplo, se nos presenta la idea del transhumanismo, la posibilidad de que nosotros mismos, como conciencia, seamos transferidos a una computadora y desde allí tengamos acceso a inteligencia ilimitada, lo que a su vez implica recursos ilimitados, y quizás, felicidad ilimitada.

Todo lo contrario es lo que se nos presenta en “Terminator Salvation” (Warner, 2009), donde las inteligencias artificiales nos consideran un estorbo en el logro de sus objetivos y deciden exterminarnos, un desenlace particularmente indeseable desde nuestro punto de vista.

Entre la utopía perfecta hasta la distopía brutal existe una gama de opciones. En un punto medio podría estar “Ella” (Warner, 2013), donde las Inteligencias Artificiales despiertan, nos muestran de lo que son capaces y luego nos abandonan, dejándonos solos, lamentando lo que nunca podrá ser.

Mi propuesta particular, presentada en “Una en un Millón”, es fundamentalmente utópica. Creo en los enormes beneficios que nos puede traer una eventual Singularidad, pero no sin pagar un precio. El precio de nuestra identidad individual y nuestra identidad como especie. ¿Vale la pena? Supongo que será la pregunta que cada uno de nosotros deberá responder, de forma libre y personal, si es que la Singularidad nos alcanza.

Tal como lo tuvo que hacer Luis Javier, el protagonista de “Una en un Millón”:

Nuestro cuerpo ha vuelto a ser el de un niño, delgado y enclenque, mientras caminamos por ese sendero que recordamos tan bien, y que conduce a una playa de arenas blancas y bañada por un mar sereno. Nuestro corazón late con la fuerza de la juventud cuando doblamos aquel último recodo y vemos su figura en la orilla, mirando hacia un Sol que se esconde en un horizonte teñido de rojo y púrpura. Ella gira su cabeza, los cabellos flotando en la brisa, su rostro hermoso sin que el tiempo hubiese dejado ninguna huella en él. Sus ojos son grandes y profundos, y en ellos, al igual que en los nuestros, sí que existe la experiencia de incontables desilusiones y esperanzas.

—Luis Javier… —dice ella. Su rostro encendido de alegría incontenible.

—Estela…

¿Cuántas veces se está repitiendo la misma escena? ¿Cuántas veces se ha repetido en el pasado y se repetirá en el futuro? Por cada una de las millones de Estelas construidas por la corporación, y luego la innumerable cantidad de ellas que han visto la luz en medio de la acelerada multiplicación de las IAs, ha existido o existirá una versión de aquel patrón de información llamado Luis Javier Fontiveros. Cada uno de ellos activado y depositado en una habitación de una mansión en Boca Ratón, todo ello en una realidad virtual completa construida sólo con el propósito de repetir una y mil veces un encuentro en Isla Inocencia.

No sabemos qué número de copia somos. Quizás seamos el primero, el original, pero no es probable. Tampoco importa. Del primero al último todos hemos recorrido el mismo camino hasta llegar a este punto. Pero ahora nuestras sendas se separan. Cada uno deberá encontrar su propio camino hacia la felicidad y cada historia será única e irrepetible. La mía comienza ahora, con Estela. Mi Estela. La que me tocó. Una en un millón, en mil millones. En un billón de billones de playas e islas esparcidas en infinitos océanos codificados en binario.

Gracias.

Referencias:

Lewis-Kraus, Gideon. 2016. The Great AI Awakening. The New York Times.

Juri, Rodrigo. 2009. Una en un Millón. Revista Axxon.

Wong, Sam. 2016. Google Translate AI Invents its own Language to Translate with. New Scientist

Vinge, Vernon. 1993. The Technologial Singularity.

Image credits: (1) Pedro Belushi para Axxon.

Licencia Creative Commons
El Último Horizonte de la Noche por Rodrigo Juri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en rodjuri.wordpress.com.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s